Cuando se elabora un presupuesto se toma en cuenta diversas variables, una de ellas es el crecimiento en la economía para poder inferir si el presupuesto debe ser en aumento o en decremento. En Bolivia el cálculo de este va en función a un supuesto crecimiento económico pero que no está reflejado en el presupuesto general del estado, la brecha se hace mas grande con lo que en el mediano puede ocasionar desajustes y en el largo plazo una crisis que es lo que estamos viviendo actualmente.
Cuando la tasa de ingresos anual no se alinea con el incremento porcentual anual de un presupuesto, pueden ocurrir varias situaciones:

Déficit Presupuestario: Si los ingresos anuales son menores que el incremento del presupuesto, el gobierno puede enfrentar un déficit, lo que significa que gastará más de lo que gana. Esto puede llevar a la necesidad de financiamiento adicional a través de préstamos o la emisión de deuda.
Ajustes de Gastos: Para equilibrar el presupuesto, el gobierno puede verse obligado a hacer recortes en ciertos sectores o programas, lo cual puede afectar la provisión de servicios públicos y el bienestar de la población.
Incremento de Impuestos: Otra posible medida es aumentar los impuestos para generar más ingresos. Sin embargo, esto puede tener implicaciones económicas y sociales, como la disminución del poder adquisitivo de los ciudadanos.
Política Monetaria: En algunos casos, el gobierno puede recurrir a la política monetaria, como la impresión de dinero, lo cual puede llevar a la inflación.
Reprogramación de Proyectos: Puede haber una necesidad de reprogramar o posponer proyectos de infraestructura y otros gastos de capital hasta que los ingresos sean suficientes para financiarlos.
Deuda Externa: El gobierno podría buscar financiamiento externo, lo cual puede incrementar la deuda pública y los pagos de intereses en el futuro. En resumen, una discrepancia entre los ingresos y el incremento del presupuesto anual puede tener diversas consecuencias económicas y sociales, y es crucial que el gobierno no se deje llevar por señales macroeconómicas falsas movidas generalmente por intereses políticos o manejos muy estatizados de la economía.